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Las
causas que motivaron la instauración del régimen republicano
fueron principalmente el agotamiento del sistema político
de la Restauración y la incapacidad de la monarquía
de asumir sus errores durante la Dictadura. A partir de abril de
1931 quedó claro que el descontento popular iba orientado
hacia una respuesta antimonárquica y pro republicana. Sin
embargo, antes de que dicho pacto pudiera plantearse como una verdadera
alternativa pacífica al cambio de sistema, los partidarios
más acérrimos de la instauración de la República
intentaron la vía golpista. Estimulada por diversos círculos
militares (la U.M.R. Unión Militar Republicana) la guarnición
de Jaca, con el capitán Fermín Galán
y el teniente García Hernández al frente
se sublevaron contra la monarquía y proclamaron la República.
Su principal error estribó en no romper las comunicaciones
con Francia, por lo que el gobierno, enterado del levantamiento, pudo
tomar las medidas necesarias para sofocarlo. Aislados los rebeldes,
fueron hechos prisioneros y sus cabecillas, Galán
y García Hernández fueron fusilados.
La República había conseguido así a sus mártires.
La represión no acabó aquí pues todos los firmantes del Pacto de San Sebastián fueron encarcelados por lo que su reputación aumentó mucho desde sus celdas. El rey decidió poner a prueba a la opinión pública convocando elecciones municipales para el 12 de abril de 1931. la escasa popularidad de la monarquía quedó patente en la victoria de las candidaturas republicanas en todas las principales ciudades españolas. Los datos oficiales señalaron 29.953 concejales monárquicos frente a 8.855 republicanos pero en aquella época los votos de las ciudades eran los que decidían y éstas habían votado mayoritariamente por la República. La proclamación de la República fue acogida con euforia por la mayoría de la población. Para estas multitudes la republica representaba la esperanza de una nueva España "Las
elecciones celebradas el domingo, me revelan claramente que no tengo
hoy el amor de mi pueblo [...]. Hallaría medios sobrados para
mantener mis regias prerrogativas, en eficaz forcejeo con quienes
las combaten. Pero, resueltamente, quiero apartarme de cuanto sea
lanzar a un compatriota contra otro, en fraticida guerra civil [...].
Espero conocer la auténtica y adecuada expresión de
la conciencia colectiva, y mientras habla la nación suspendo
deliberadamente el ejercicio del poder real y me aparto de España,
reconociéndola como única señora de sus destinos."
La
república quedó instaurada inmediatamente y a ojos de
la opinión mundial pudo considerarse como un maravilloso ejemplo
de civismo y madurez política. Su primer jefe de gobierno fue
Alcalá Zamora, pero en el nuevo gabinete ya
podía identificarse un alto componente de miembros de corte
anticlerical o que ejercían profesiones liberales, representantes
de la Institución Libre de Enseñanza. Los más
destacados ministros de ese primer gobierno republicano eran Miguel
Maura (Gobernación), Fernando de los Ríos
(Justicia), Casares Quiroga (Marina), Alvaro
de Albornoz (Fomento), Marcelino Domingo
(Educación) y Manuel Azaña (Guerra).
Nada más formarse este nuevo gobierno la República tuvo su primer problema ante la reaparición del catalanismo político, que debía su fuerza a una combinación de la expansión económica catalana y su renacimiento literario (Jocs Florals). Desde el balcón de la Generalitat su líder, Francesc Macià, proclamó la Republica Catalana. Varios ministros viajaron rápidamente de Madrid a Barcelona para persuadir a Macià de que abandonara su idea y se mostrara favorable a la adopción de un estatuto de autonomía promulgado por las Cortes, a lo que accedió. Sin embargo, menos de un mes después de la proclamación de la República (11 de mayo de 1931), el anticlericalismo que ésta había desatado se convirtió en violencia callejera. Después de un enfrentamiento entre monárquicos y republicanos el día anterior, los partidarios de la República prendieron fuego a seis iglesias en Madrid. La policía republicana no hizo nada para impedir la quema de los conventos. Manuel Azaña, futuro presidente de la República, dijo ese día: “Todos los conventos de Madrid no valen la vida de un republicano”. Los católicos practicantes no olvidaron ni perdonaron esta actitud de las autoridades, los republicanos por su parte, promulgaron una Ley de Defensa de la República. El 28 de junio de 1931 se celebraron elecciones con un notable índice de participación que superaba el 70%. El sistema electoral, que primaba las mayorías otorgó un rotundo triunfo al Gobierno provisional formado tras las elecciones de abril y dio el siguiente resultado en escaños:
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