|
ESTÁS EN: LOS
PROBLEMAS
ESTÁS EN: LOS
PROBLEMAS |
Las
elecciones de junio de 1931 habían dado el poder a la coalición
de republicanos de izquierdas y socialistas. Durante dos años,
hasta fines de 1933, el nuevo gobierno dirigido por Manuel Azaña
intentó encontrar solución a los principales problemas que
aquejaban al país. Sin embargo la tarea resultó mucho más
complicada de lo previsto pues se agrandó la separación
entre derechas, que creían que las reformas eran demasiado radicales
y atrevidas, e izquierdas que creían que eran demasiado moderadas
y lentas.
EL PROBLEMA DE LA IGLESIA La
iglesia luchaba por conservar sus privilegios ante las reformas republicanas,
contaba con el apoyo de los poderosos y la fe muchos humildes pero era
también el blanco del odio de todos aquellos que la consideraban
la aliada del poder, la defensora del inmovilismo. En el otoño
de 1931 las Cortes prepararon un anteproyecto de Constitución que
pretendía acabar con el enorme poder de la Iglesia. El artículo
26, uno de los más importantes, separaba Iglesia y Estado. Para
mayor confusión y crispación de los sectores
Los
republicanos y socialistas en el gobierno estaban decididos a reducir
el poder de la Iglesia. A lo largo de 1932 y 1933 la República
se dedicó en cuerpo y alma a la promulgación de leyes destinadas
a acabar con la influencia de la Iglesia en la sociedad. Disolución
de la Compañía de Jesús y confiscación de
sus bienes; matrimonio civil, divorcio y secularización de cementerios;
prohibición de la enseñanza a las órdenes religiosas.
La Iglesia mantenía su control sobre la educación. En un
pais donde casi la mitad de la población era analfabeta la republica
tenia que romper el control de la iglesia para crear un moderno sistema
de enseñanza laica. Los proyectos iniciales se vieron frenados
por falta de presupuestos, a pesar de ello, en dos años se crearon
más de 13.000 nuevas escuelas. Pero habría sido más
prudente que la República no hubiera atacado las órdenes
religiosas, que ya disponían de buenos colegios. El cierre de los
mismos planteó graves problemas de ubicación de nuevos alumnos.
El
problema social que envolvía a la República giraba en torno
a los dos grandes sindicatos anarquista y socialista. El movimiento anarquista
constituía la oposición mas violenta a la
El
movimiento socialista obtuvo un fuerte impulso durante los años
de la I Guerra Mundial que habían dado a España una mayor
prosperidad económica y gran conciencia política. En 1920,
su sindicato, la UGT (Unión General de Trabajadores) tenía
200.000 miembros. No es de extrañar pues que su principal dirigente
en 1931, Francisco Largo Caballero, fuera nombrado Ministro
de Trabajo durante el primer gobierno de la República ya que la
UGT no había sido siquiera ilegalizada durante la Dictadura.
EL PROBLEMA REGIONAL El
clima de libertad provocado por la proclamación de la República
daba nuevos impulsos al regionalismo. Histórica y culturalmente
Cataluña y el País Vasco eran las dos regiones más
claramente diferenciadas de resto de España. Eran las regiones
más industrializadas y prósperas desde mitades del siglo
XIX. La nueva Constitución republicana mencionaba la posibilidad
de conceder la autonomía a aquellas regiones que lo solicitasen.
Atendiendo a las crecientes demandas del catalanismo político,
la República accedió a que se celebrase un plebiscito en
Cataluña para otorgar a dicha región su anhelado estatuto
de autonomía. El resultado fue abrumadoramente favorable (592.961
votos a favor y sólo 3.276 en contra). En el verano de 1932, el
estatuto catalán se convirtió en ley y se constituyó
un nuevo gobierno catalán, la Generalitat. El catalán y
el castellano serían las lenguas oficiales.
El
País Vasco también realizaba esfuerzos parecidos en busca
de un mayor autogobierno pero aquí los problemas eran más
difíciles de superar. La profunda confesionalidad del principal
partido autonomista, el PNV, chocaba con un gobierno republicano de corte
anticlerical. Ello sólo sirvió para posponer la promulgación
del estatuto hasta octubre de 1936, cuando en plena guerra civil, la cuestión
se transformó en una simple necesidad política. Además
hubo otros intentos de autonomía en Galicia, Valencia o Andalucía
pero no tuvieron tiempo de promulgarse.
EL PROBLEMA MILITAR Frente
a las aspiraciones autonomistas de algunas regiones españolas,
el Ejército se mostró como la institución mas ofendida
por las pretendidas reformas republicanas. Muchos militares del ejercito
estaban alarmados ante la perspectiva de autonomías regionales.
La unidad de la patria les obsesionaba. España había perdido
todas sus colonias de ultramar. En los años 20, las guerra de Marruecos
amenazaban sus ultimas posesiones. La República se proponía
modernizar este ejercito anticuado y con exceso de oficiales (uno por
cada nueve soldados). El Ejército veía las reformas republicanas
con profunda desconfianza, pero era el proyectado estatuto de autonomía
catalán lo que los militares conservadores consideraban como la
amenaza mas inmediata.
La llamada “Ley Azaña” admitía el retiro, con
el sueldo íntegro, de todos los generales y oficiales que no quisiesen
prestar juramento de fidelidad a la República. El Ejército
respondió con las armas. El 10 de agosto de 1932 el general José
Sanjurjo, que había declarado su lealtad al nuevo gobierno
en 1931, se levantó contra la República en Sevilla. El golpe
de Sanjurjo fracasó pero ejemplificaba el creciente
descontento dentro del seno de las fuerzas armadas. Sanjurjo
fue encarcelado, su rebelión se había demostrado prematura
porque los grupos sociales que pudieran haberla apoyado aún no
estaban lo suficientemente unidos para oponerse a la República.
EL PROBLEMA AGRARIO Los
campesinos de toda España esperaban que la llegada de la República
representara el fin de todos sus problemas. El problema agrario era uno
de los más complicados, no olvidemos que la agricultura en los
años 30 era el principal sector de la economía del país.
Los trabajadores del campo, mal pagados y mal alimentados esperaban que
las prometidas reformas fueran drásticas e inmediatas. Andalucía
era una región de profundos contrastes sociales y económicos,
de latifundios y de grandes terratenientes. Estas desigualdades alimentaban
el resentimiento de mas de 700.000 jornaleros que vivían en la
miseria. Pero la reforma agraria de 1932, una ley complicada y cautelosa,
solo sirvió para desilusionar a muchos jornaleros e irritar a los
terratenientes. Pronto se comprobó que la reforma era prácticamente
imposible, al menos en un corto espacio de tiempo. Se creó un Instituto
de Reforma Agraria que pudiera controlar dicho plan pero, a pesar de todos
los esfuerzos, frente a los 60.000 campesinos asentados en nuevas tierras
que anualmente la Reforma había proyectado, después de dos
años de actuación sólo 12.000 estaban realmente en
dicha situación.
Entre
los propietarios y terratenientes empezó a cundir la alarma, entre
los campesinos la desilusión ante la lentitud de la Reforma Agraria.
El hambre y la miseria creaban las condiciones ideales para un clima de
violencia revolucionaria. Los pueblos de Castilblanco, Arnedo y Casas
Viejas se convirtieron en exponentes claros de esa violencia. En Castilblanco
(Badajoz) estalló una huelga general el 31 de diciembre de 1931.
Al intentar disolverla, los campesinos reaccionaron violentamente matando
a cuatro números de la Guardia Civil. En Arnedo (La Rioja), murieron
siete trabajadores y quedaron heridos treinta más al disolverse
a disparos de la Guardia Civil la manifestación que se celebraba
ante la casa consistorial del pueblo.
Las consecuencias políticas fueron importantes. Ante la dureza de las medidas tomadas por la Guardia Civil fue destituido su director, el general Sanjurjo, que unos meses después se levantaría contra la República. Sin embargo, el episodio de violencia definitivo se produjo a principios de 1933 en Casas Viejas (Cádiz). Agotada allí la paciencia tras la lentitud de la Reforma Agraria los campesinos, tras declarar el comunismo libertario, asaltaron el cuartel de la Guardia Civil, asesinando a varios de sus números. La llegada de refuerzos permitió reprimir el levantamiento duramente. Las autoridades republicanas fueron acusadas de haber organizado la matanza. Escándalos como el de Casas viejas, la lentitud de las reformas y el creciente desempleo impulsaron a los socialistas a abandonar un gobierno Azaña desprestigiado. La crisis desembocó en las elecciones de 1933. |